jueves, 27 de diciembre de 2012

DEL OTRO LADO



DEL OTRO LADO
Todos los días lo mismo. Trabajar tan duro desde el amanecer para gastar lo que se gana en la sobrevivencia y mandar sólo un poquito a casa. American Breakfast para desayunar. Nunca hubiera podido pagar tanta comida allá, para nosotros era un lujo comer una marraqueta con café.

Antes, allá en mi tierra dormía hasta tarde, el trabajo facilito era y luego podía encontrarme con los compadres para charlar y tomarnos unas “chelitas”. Pero así también el dinero que ganaba no me alcanzaba para mantener a mi familia y eso siempre era la excusa para pelear con la Chela. Por eso le agradezco tanto al Pedro por haberme traído aquí, gracias a él también estoy trabajando en ese edificio que no puedo pronunciar su nombre.

Sólo me quedan treinta minutos para llegar al trabajo a tiempo. Los gringos son tan fregados “limpia bien los pisos, no toques los papeles al desempolvar los escritorios, no llegues tarde y lo más importante no hables con nadie”. Si llego dos minutos tarde me descuentan la mitad del sueldo y lo peor es que ni siquiera puedo reclamar, porque soy indocumentado. Ser ilegal es “tan canijo”, como diría el Chema; este compadre tampoco está contento aquí; como yo, extraña a su familia. Pero siempre me canta –Don’t worry, be happy!- me contó que así aprendió el inglés cantando.

Allá me sentía inútil, después de perder mi trabajo nada fue igual, era más que difícil conseguir otro y más cuando no tienes quien garantice tu trabajo y yo, pues nunca tuve “padrinos” que me recomendaran. Entonces vi a mi familia pasar hambre, a mis wawas sin ropa para ir a la escuela. Por eso decidí irme; aunque ahora pienso que por lo menos allá tenía el cariño de toda mi familia.

Ya se acerca el metro, siempre tan puntual – always in time!- como un reloj despertador. Al principio el idioma fue una macana, todos me jodían y como no entendía, me fregaban peor. Estos gringos hablan muy rápido, pero pude encontrar personas que también venían en busca del sueño americano y vivir american way of life, ellas me ayudaron a entender algo. Desde entonces ando repitiendo todo lo que aprendo, pero a veces todo se me confunde en esta cabezota que ya no está para aprender. Por eso también, pienso que debía irme a Miami, allí sí que hay tanto latino, tanto que ahora los gringos tienen que aprender el español para comunicarse.

Cada día veo mujeres entrar y salir del metro, mujeres bonitas con cuerpos de playboy; feas, que hasta parecen travestis o uno de esos; altas y flacas como las modelos que veo en CNN, birlochas pintadas como para ir a una fiesta; gorditas como la Lewinsky de Clinton. Ninguna como mi Chela, con su cabello largo y negro, tan brillante como las estrellas que se ven en mi pueblo y que aquí la gente, ni se acuerda que existen; sus carnes bien puestas, sus hermosos ojos negros, llenos de alegría cuando me veía regresar de algún lado, aunque llegaba borracho y esa boca que besaba entregando el alma. Extraño su olor a caldito caliente del medio día y sus besos ardientes al amanecer. Sin ella, la vida en este país de mierda es insoportable.

Tantas personas diferentes reunidas en un mismo lugar, un tren: teenagers, tan sólo changuitos, con peinados de payasos, yo no dejaría que mis hijos se pintaran su pelo de rojo, parecen drogados; parejas besándose como si estuvieran en un parque, algún ejecutivo “free lance”, que se ve como un jailón, pero que decidió viajar en este artefacto porque no le alcanzó para su limosina, otros gente común y corriente, por ejemplo aquella doñita que va con su hijito  o como ese hombre que se parece tanto a mí, que seguro va a un trabajo de mierda como el mío, pero además mendigos y gente de mala calaña.

Ay!! Mis wawas, tan chiquitos e indefensos, ¿qué estarán haciendo sin su papito? Sin mis besos y sin mi brazos para protegerlos. Hoy es el cumpleaños de mi hijita, la juanita, hace 10 años, un 11 de septiembre nació y nos dio tanta felicidad a la Chela y a mí, ella es la que siempre está riendo y no llora aunque se  caiga. Ojalá mi Chela se lo haya comprado los zapatitos que le pedí para la wawa. Todos los días viendo estos carteles anunciando ADIDAS, NIKE y REEBOK, estas marcas que sólo pueden ser usadas por los jugadores de la  NBA, como Jordan y Shakil O’Neal, o por los hijos de los gringos ricachones. Desde que la semana pasada llamé a la chela todo me hace recuerdo a mi familia hasta los yanquis que veo a cada paso, de ida al trabajo

A mí el estress, como dicen aquí, me va a matar, eso o esta maldita soledad que se respira en todas las ciudades grandes, donde nadie se conoce o no quiere conocerse porque está muy ocupada ganando plata. Nadie, como yo merece esto, ya no aguanto más.

Todo me parece un infierno, tener que morir de hambre toda la mañana y luego esta porquería de comida que llaman fast food, recién a las tres o cuatro de la tarde, con un sabor tan raro, tan de mentira, como los mismos gringos. Nada como el delicioso fricasé de mi Chela, con ese ajisito que es para chuparse los dedos. Ni comparar mi café “pasadito” con el black cofee que sirven aquí. Lo peor de todo son estos gringos, los malditos gringos gritándome, robándome el dinero que gano tan duramente día tras día.

Ya no aguanto más, pienso y pienso: aquí, el ruido, el smok, las personas que sólo piensan en plata y si pueden te la friegan, la tristeza y vacío en mi corazón, el odio que he aprendido a amontonar por todo y todos. Allá la tranquilidad del altiplano, el calor de los amigos y el amor de mi familia. Pero ya es suficiente, estoy aquí hace casi un año, ya tengo platita suficiente para comprarme un autito; hoy cambiarán las cosas, yo cambiaré. No más, está decidido.

Más bien, ya casi llego, sólo tengo que subir al piso setenta, antes no trabajaba allá arriba, pero como no soy flojo, el gringo más grande me pidió que limpiara las oficinas más grandes. Lo primero que haré cuando salga de mi turno será decirle a mi jefe –Renuncio, me voy para mi casa junto a mi Chela y mis hijos- y si no me entiende lo mandaré al diablo. Agarro el dinero que me debe y me voy en el primer avión.

 Ya llegué, ocho y cuarto, casi me atraso. New York es tan grande y justo vine a trabajar en uno de los edificios más altos del mundo, que podía hacer, aquí bien pagan, no como en los Macdonald que se aprovechan de uno y te pagan mal. Tengo unos minutos para cambiarme y ponerme el uniforme. Cuando salga de aquí lo esperaré en su oficina, así verá que estoy decidido y no me saldrá con sus macanas. Desde esta oficina se ve casi toda la ciudad, por eso siempre empiezo a limpiar por aquí, como los jefes llegan tarde tengo la vista para mí solito. Qué raro! ¿Por qué aquel avión está volando tan bajo? Carajo, este avión de mierda no debería estar viniendo hacia este edificio ¿Por qué no lo detiene el cojudo del piloto?

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