DEL
OTRO LADO
Todos los días
lo mismo. Trabajar tan duro desde el amanecer para gastar lo que se gana en la
sobrevivencia y mandar sólo un poquito a casa. American Breakfast para
desayunar. Nunca hubiera podido pagar tanta comida allá, para nosotros era un
lujo comer una marraqueta con café.
Antes, allá en
mi tierra dormía hasta tarde, el trabajo facilito era y luego podía encontrarme
con los compadres para charlar y tomarnos unas “chelitas”. Pero así también el
dinero que ganaba no me alcanzaba para mantener a mi familia y eso siempre era
la excusa para pelear con la Chela. Por
eso le agradezco tanto al Pedro por haberme traído aquí, gracias a él también
estoy trabajando en ese edificio que no puedo pronunciar su nombre.
Sólo me quedan
treinta minutos para llegar al trabajo a tiempo. Los gringos son tan fregados “limpia
bien los pisos, no toques los papeles al desempolvar los escritorios, no
llegues tarde y lo más importante no hables con nadie”. Si llego dos minutos
tarde me descuentan la mitad del sueldo y lo peor es que ni siquiera puedo
reclamar, porque soy indocumentado. Ser ilegal es “tan canijo”, como diría el
Chema; este compadre tampoco está contento aquí; como yo, extraña a su familia.
Pero siempre me canta –Don’t worry, be happy!- me contó que así aprendió el
inglés cantando.
Allá me sentía
inútil, después de perder mi trabajo nada fue igual, era más que difícil
conseguir otro y más cuando no tienes quien garantice tu trabajo y yo, pues
nunca tuve “padrinos” que me recomendaran. Entonces vi a mi familia pasar
hambre, a mis wawas sin ropa para ir a la escuela. Por eso decidí irme; aunque
ahora pienso que por lo menos allá tenía el cariño de toda mi familia.
Ya se acerca el
metro, siempre tan puntual – always in time!- como un reloj despertador. Al
principio el idioma fue una macana, todos me jodían y como no entendía, me
fregaban peor. Estos gringos hablan muy rápido, pero pude encontrar personas
que también venían en busca del sueño americano y vivir american way of life,
ellas me ayudaron a entender algo. Desde entonces ando repitiendo todo lo que
aprendo, pero a veces todo se me confunde en esta cabezota que ya no está para
aprender. Por eso también, pienso que debía irme a Miami, allí sí que hay tanto
latino, tanto que ahora los gringos tienen que aprender el español para
comunicarse.
Cada día veo
mujeres entrar y salir del metro, mujeres bonitas con cuerpos de playboy; feas,
que hasta parecen travestis o uno de esos; altas y flacas como las modelos que
veo en CNN, birlochas pintadas como para ir a una fiesta; gorditas como la Lewinsky de Clinton.
Ninguna como mi Chela, con su cabello largo y negro, tan brillante como las
estrellas que se ven en mi pueblo y que aquí la gente, ni se acuerda que
existen; sus carnes bien puestas, sus hermosos ojos negros, llenos de alegría
cuando me veía regresar de algún lado, aunque llegaba borracho y esa boca que
besaba entregando el alma. Extraño su olor a caldito caliente del medio día y
sus besos ardientes al amanecer. Sin ella, la vida en este país de mierda es
insoportable.
Tantas personas
diferentes reunidas en un mismo lugar, un tren: teenagers, tan sólo changuitos,
con peinados de payasos, yo no dejaría que mis hijos se pintaran su pelo de
rojo, parecen drogados; parejas besándose como si estuvieran en un parque,
algún ejecutivo “free lance”, que se ve como un jailón, pero que decidió viajar
en este artefacto porque no le alcanzó para su limosina, otros gente común y
corriente, por ejemplo aquella doñita que va con su hijito o como ese hombre que se parece tanto a mí,
que seguro va a un trabajo de mierda como el mío, pero además mendigos y gente
de mala calaña.
Ay!! Mis wawas,
tan chiquitos e indefensos, ¿qué estarán haciendo sin su papito? Sin mis besos
y sin mi brazos para protegerlos. Hoy es el cumpleaños de mi hijita, la
juanita, hace 10 años, un 11 de septiembre nació y nos dio tanta felicidad a la Chela y a mí, ella es la que
siempre está riendo y no llora aunque se
caiga. Ojalá mi Chela se lo haya comprado los zapatitos que le pedí para
la wawa. Todos los días viendo estos carteles anunciando ADIDAS, NIKE y REEBOK,
estas marcas que sólo pueden ser usadas por los jugadores de la NBA,
como Jordan y Shakil O’Neal, o por los hijos de los gringos ricachones. Desde
que la semana pasada llamé a la chela todo me hace recuerdo a mi familia hasta
los yanquis que veo a cada paso, de ida al trabajo
A mí el estress,
como dicen aquí, me va a matar, eso o esta maldita soledad que se respira en
todas las ciudades grandes, donde nadie se conoce o no quiere conocerse porque
está muy ocupada ganando plata. Nadie, como yo merece esto, ya no aguanto más.
Todo me parece
un infierno, tener que morir de hambre toda la mañana y luego esta porquería de
comida que llaman fast food, recién a las tres o cuatro de la tarde, con un
sabor tan raro, tan de mentira, como los mismos gringos. Nada como el delicioso
fricasé de mi Chela, con ese ajisito que es para chuparse los dedos. Ni
comparar mi café “pasadito” con el black cofee que sirven aquí. Lo peor de todo
son estos gringos, los malditos gringos gritándome, robándome el dinero que
gano tan duramente día tras día.
Ya no aguanto
más, pienso y pienso: aquí, el ruido, el smok, las personas que sólo piensan en
plata y si pueden te la friegan, la tristeza y vacío en mi corazón, el odio que
he aprendido a amontonar por todo y todos. Allá la tranquilidad del altiplano,
el calor de los amigos y el amor de mi familia. Pero ya es suficiente, estoy
aquí hace casi un año, ya tengo platita suficiente para comprarme un autito; hoy
cambiarán las cosas, yo cambiaré. No más, está decidido.
Más bien, ya
casi llego, sólo tengo que subir al piso setenta, antes no trabajaba allá
arriba, pero como no soy flojo, el gringo más grande me pidió que limpiara las
oficinas más grandes. Lo primero que haré cuando salga de mi turno será decirle
a mi jefe –Renuncio, me voy para mi casa junto a mi Chela y mis hijos- y si no
me entiende lo mandaré al diablo. Agarro el dinero que me debe y me voy en el
primer avión.
Ya llegué, ocho y cuarto, casi me atraso. New York
es tan grande y justo vine a trabajar en uno de los edificios más altos del
mundo, que podía hacer, aquí bien pagan, no como en los Macdonald que se
aprovechan de uno y te pagan mal. Tengo unos minutos para cambiarme y ponerme
el uniforme. Cuando salga de aquí lo esperaré en su oficina, así verá que estoy
decidido y no me saldrá con sus macanas. Desde esta oficina se ve casi toda la
ciudad, por eso siempre empiezo a limpiar por aquí, como los jefes llegan tarde
tengo la vista para mí solito. Qué raro! ¿Por qué aquel avión está volando tan
bajo? Carajo, este avión de mierda no debería estar viniendo hacia este
edificio ¿Por qué no lo detiene el cojudo del piloto?
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