viernes, 23 de septiembre de 2011

LA PROPUESTA


LA PROPUESTA

Por: Eliana Martínez


Después de mucho tiempo decidí aceptar aquella propuesta. Aunque al principio no podía decidirme por un sí o un no, terminé por convencerme que era buena idea y que ya era hora.

Tantos meses la voz de Rafael rondando mis oídos, presionando, persuadiendo, rogando y yo indecisa, insegura y confundida. Es verdad que lo conocía hace tiempo, pero esto era muy importante y no podía ser una decisión tomada a la ligera. En estos momentos de mi vida no podía darme ese lujo.

Tantas noches de insomnio para ambos, él pensando la mejor estrategia para convencerme, yo sopesando los pros y los contras de aquel ofrecimiento.

Necesitaba salir de aquella oficina y desaparecer hasta de mi departamento, estos últimos meses habían sido agobiantes para mí; si no hubiera sido por Rafael que me sacaba alguna noche a tomar unos tragos y a contarme sobre sus incontables conquistas creo que hubiera perecido. Siempre lo consideré un buen amigo y aunque éramos dos tipos totalmente diferentes yo aprendía mucho de él y claro alguna vez también le había dado algún consejo.

De pronto la oportunidad de irme lejos y aunque era un viaje de negocios, por lo menos me alejaba de esta realidad que desde hace mucho me turbaba, lo único que me preocupaba eran mis flores, pero Rafael se había comprometido en venir a verlas de vez en cuando para darles algo de agua.

Después de mi llamada a su celular quedamos en encontramos en la calle dónde Rafael trabajaba todas las noches como Inspector de los Guardias privados. Él me miró fijamente y pudo comprender que la respuesta que había esperado durante tanto tiempo, era un sí.

Dejó su trabajo sin pensarlo dos veces,  al final nadie se iba a dar cuenta que no estaba,  porque él era el inspector. Me dijo que todo estaba bien planeado, un amigo le había dejado las llaves de su departamento para que regara sus plantas; porque él se iba de viaje durante seis meses. Fue un alivio porque ni loca me aparecía por su casa, con toda esa gente viviendo cerca y mi casa ni pensar, mi madre estaba todo el tiempo.

Le dejé instrucciones específicas a Rafael, las horas y la cantidad de agua que debía dar a cada planta. A demás le pedí que tenga mucho cuidado con Doña María, mi casera, era una señora de edad muy desconfiada y algo fregada; pero si lo conocía, no habría problemas.

Si bien no confiaba mucho en la responsabilidad de Rafael por su carácter inmaduro esperaba que aprovechar la televisión digital y mi bar serían suficientes razones para que vaya a mi departamento. Solo espero no encontrar un desastre cuando regrese.

Pero había un inconveniente en nuestro plan, como nunca había ido a aquel departamento,  la dueña de casa no lo conocía, y su amigo le recomendó que fuera enseguida y seguido porque la señora era muy desconfiada y gruñona. Pero  ya habían pasado dos meses y Rafael nunca había ido.

Camino hacia el departamento discutimos sobre la forma más sutil y discreta de entrar, yo no quería escándalos o algo parecido, si era así, prefería ir a ver una película  muy buena que estaban pasando. Rafael me prometió que nada de esto iba a pasar y que sería fácil entrar.

Después de un par de un meses, mis negocios no habían salido como lo había previsto y mis jefes decidieron mi regreso de improviso y casi sin avisarme con tiempo. Yo tenía planes para los siguientes meses y todo tuvo que irse por el caño. Estaba muy molesto, ni siquiera había conocido una chica linda.

Por mi marcada timidez, la verdad es que siempre me había sido difícil conocer mujeres y aunque según Rafael estaba haciendo progresos, hasta ahora no había encontrado a mi pareja ideal. A pesar de haber viajado tanto, en tantos lugares diferentes solo veía a las mujeres y no me les acercaba. Esperaba encontrar a un ser especial único, al que pudiera amar sin miramientos, que me de las fuerzas necesarias para no pensar y solo sentir.

Llegamos a la avenida donde se encontraba el edificio y Rafael decidió tocar el timbre para comprobar que el departamento estaba vacío, pero se equivocó y  del balcón más alto salió la vieja dueña de casa, de mal humor y con ganas de guerra. Empezó a preguntar que quién era y qué quería. Rafael nervioso trató de explicarle, pero la vieja lo interrumpía y no le dejaba hablar.

Después de escuchar como 10 minutos los cacareos de la mujer, ella decidió bajar y enfrentarse a este joven cara a cara. Mientras tanto Rafael muy nervioso, como un adolescente, me iba explicando detalladamente donde se encontraba exactamente el departamento de su amigo y en el mismo momento en que la vieja sacó su pesado cuerpo por la puerta principal, él me dio disimuladamente las llaves.

Estaba molesto, el vuelo se había atrasado demasiado, estuve como cinco horas esperando en el aeropuerto y lo peor era que iba a llegar casi en la madrugada y mi querida casera seguro iba a hacer un escándalo, no iba a entender que las cosas en el trabajo son así.

Ni pensar en ir a dormir a la casa de Rafael con toda esa gente viviendo cerca de él, ni pensarlo, prefería escuchar el sermón de Doña María.

Entonces, Rafael utilizando todo su encanto, haciendo creer a la señora que le había dado un mareo se llevó a la mujer dejando la puerta principal sin custodia.  Yo que tenía las llaves y había escuchado atentamente las instrucciones de Rafael entré rápidamente al edificio,  recorrí varios pasillos y subí dos pisos.

Por fin encontré la puerta, la abrí con dificultad y de pronto al principio no pude ver nada por la apremiante obscuridad, pero el olor de la humedad inundó mis sentidos hasta marearme; enseguida subí las persianas y  abrí las ventanas sin encender la luz porque la vieja iba a darse cuenta que alguien estaba en el departamento y eso arruinaría todos nuestros planes.

Nunca me gustaron los vuelos de noche, uno no puede conocer a nadie se la pasa durmiendo, ni siquiera puedo leer. Lo mejor será que descanse, me espera una guerra con Doña María y en la mañana a penas me darán medio día para descansar y por la tarde de nuevo a la oficina.

Como Rafael tardaba en deshacerse de la vieja empecé a recorrer el departamento, iluminando mi camino sólo con encendedor. Tenía dos pisos muy amplios, con unas escaleras internas en forma de espiral. Las paredes tenían amplios ventanales que daban a la calle y desde allí se veía la vieja plaza de armas de la ciudad, también habían fotografías colgadas, con paisajes de Europa y Asia.

Por toda la decoración supuse que el amigo de Rafael había viajado mucho y tenía muy buen gusto para escoger piezas de estética singular. El estilo que había escogido era una amalgama de  varias culturas, todas muy bien dispuestas con un gusto exquisito.

Este tiempo sola en aquel departamento me sirvió para pensar; me puse a pensar, de nuevo, en las consecuencias de nuestro plan, pero ya no tenía dudas, además aquel lugar me hacía sentir como si estuviera en un lugar totalmente diferente de los que yo acostumbraba y eso inspiraba en mí mucha más confianza. De pronto, empecé a imaginar que yo era otra mujer, sin miedos, sin prejuicios, sin represiones y me fui dando cuenta que la decisión del sí, estaba bien, que yo también lo había esperado tanto como Rafael y que era tiempo ya, nuestro plan parecía perfecto.

Al final solo pude dormir profundamente algunas horas, el vuelo no fue tan tranquilo, el sueño que tuve fue realmente extraño en él discutía con Rafael, pero no podía oírle; pero me impresionaba lo desfigurado que se veía su rostro, yo tratando de tranquilizarle hasta que no pude más y le di un puñetazo que fue tan real que sentí un dolor agudo en mis nudillos.

Fui recorriendo cada habitación, lo que me gustó mucho porque era como invadir el espacio íntimo del amigo de Rafael, pero casi con su permiso. Cada lugar tenía marcada una singular personalidad, poco a poco me parecía conocer aquel hombre que vivía en ese departamento y me envolvía la fragancia de su personalidad. Todo estaba impecable, si no fuera que el lugar había estado cerrado por dos meses todavía se sentiría la fragancia de las flores que ya habían muerto hace mucho.

De pronto llegué a su dormitorio y la cama me pareció espléndida, me recosté en ella y pude imaginarme aquel cuerpo cálido que había dormido tantas noches sobre aquellas sábanas y un extraño sentimiento se fue apoderando de mí.

Sentí que era la mujer que lo esperaba de su largo viaje, que añoraba su cuerpo, sus besos, su calor. Me había cambiado para esperar lista a Rafael, pero tardaba tanto que me quedé totalmente dormida, sobre aquellas sábanas cálidas y suaves que me acogieron como si me conocieran.

Bueno, más bien conseguí un taxi rápidamente, trataré que doña María no se dé cuenta que ya volví, pero claro eso es poco probable porque esta señora tiene oídos de can. Después de escuchar sus regaños y de enterarme que Rafael recién hoy intentó venir a ver mis plantas y la Casera ni siquiera lo dejó entrar, no quiero imaginar lo que me espera.

Resuelvo entrar sin encender las luces como me sugirió Doña María, al final prefiero dormir ahora y ver los destrozos mañana. Estoy cansado y necesito un buen sueño. Qué triste es volver a tu departamento y que nadie esté esperándote.

De pronto entre sueños escucho la puerta y unos pasos, seguro es Rafael, siento su cuerpo desnudándose frente a mí con un silencio aterrador.

Es raro, siento como si alguien estuviera respirando, debe ser el cansancio, pero qué es esto la cama está tibia, siento unas manos suaves y delicadas que empiezan a buscar en mi cuerpo como dos palomas desesperadas. Una boca impetuosa ahoga mi voz, no me queda más que dejarme llevar.

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