LA PROPUESTA
Por: Eliana Martínez
Después
de mucho tiempo decidí aceptar aquella propuesta. Aunque al principio no podía decidirme
por un sí o un no, terminé por convencerme que era buena idea y que ya era hora.
Tantos
meses la voz de Rafael rondando mis oídos, presionando, persuadiendo, rogando y
yo indecisa, insegura y confundida. Es verdad que lo conocía hace tiempo, pero
esto era muy importante y no podía ser una decisión tomada a la ligera. En
estos momentos de mi vida no podía darme ese lujo.
Tantas
noches de insomnio para ambos, él pensando la mejor estrategia para
convencerme, yo sopesando los pros y los contras de aquel ofrecimiento.
Necesitaba
salir de aquella oficina y desaparecer hasta de mi departamento, estos últimos
meses habían sido agobiantes para mí; si no hubiera sido por Rafael que me
sacaba alguna noche a tomar unos tragos y a contarme sobre sus incontables
conquistas creo que hubiera perecido. Siempre lo consideré un buen amigo y
aunque éramos dos tipos totalmente diferentes yo aprendía mucho de él y claro
alguna vez también le había dado algún consejo.
De
pronto la oportunidad de irme lejos y aunque era un viaje de negocios, por lo
menos me alejaba de esta realidad que desde hace mucho me turbaba, lo único que
me preocupaba eran mis flores, pero Rafael se había comprometido en venir a
verlas de vez en cuando para darles algo de agua.
Después
de mi llamada a su celular quedamos en encontramos en la calle dónde Rafael
trabajaba todas las noches como Inspector de los Guardias privados. Él me miró
fijamente y pudo comprender que la respuesta que había esperado durante tanto
tiempo, era un sí.
Dejó
su trabajo sin pensarlo dos veces, al
final nadie se iba a dar cuenta que no estaba,
porque él era el inspector. Me dijo que todo estaba bien planeado, un
amigo le había dejado las llaves de su departamento para que regara sus
plantas; porque él se iba de viaje durante seis meses. Fue un alivio porque ni
loca me aparecía por su casa, con toda esa gente viviendo cerca y mi casa ni
pensar, mi madre estaba todo el tiempo.
Le
dejé instrucciones específicas a Rafael, las horas y la cantidad de agua que
debía dar a cada planta. A demás le pedí que tenga mucho cuidado con Doña
María, mi casera, era una señora de edad muy desconfiada y algo fregada; pero
si lo conocía, no habría problemas.
Si
bien no confiaba mucho en la responsabilidad de Rafael por su carácter inmaduro
esperaba que aprovechar la televisión digital y mi bar serían suficientes
razones para que vaya a mi departamento. Solo espero no encontrar un desastre
cuando regrese.
Pero
había un inconveniente en nuestro plan, como nunca había ido a aquel
departamento, la dueña de casa no lo
conocía, y su amigo le recomendó que fuera enseguida y seguido porque la señora
era muy desconfiada y gruñona. Pero ya
habían pasado dos meses y Rafael nunca había ido.
Camino
hacia el departamento discutimos sobre la forma más sutil y discreta de entrar,
yo no quería escándalos o algo parecido, si era así, prefería ir a ver una
película muy buena que estaban pasando.
Rafael me prometió que nada de esto iba a pasar y que sería fácil entrar.
Después
de un par de un meses, mis negocios no habían salido como lo había previsto y
mis jefes decidieron mi regreso de improviso y casi sin avisarme con tiempo. Yo
tenía planes para los siguientes meses y todo tuvo que irse por el caño. Estaba
muy molesto, ni siquiera había conocido una chica linda.
Por
mi marcada timidez, la verdad es que siempre me había sido difícil conocer
mujeres y aunque según Rafael estaba haciendo progresos, hasta ahora no había
encontrado a mi pareja ideal. A pesar de haber viajado tanto, en tantos lugares
diferentes solo veía a las mujeres y no me les acercaba. Esperaba encontrar a
un ser especial único, al que pudiera amar sin miramientos, que me de las
fuerzas necesarias para no pensar y solo sentir.
Llegamos
a la avenida donde se encontraba el edificio y Rafael decidió tocar el timbre
para comprobar que el departamento estaba vacío, pero se equivocó y del balcón más alto salió la vieja dueña de
casa, de mal humor y con ganas de guerra. Empezó a preguntar que quién era y
qué quería. Rafael nervioso trató de explicarle, pero la vieja lo interrumpía y
no le dejaba hablar.
Después
de escuchar como 10 minutos los cacareos de la mujer, ella decidió bajar y
enfrentarse a este joven cara a cara. Mientras tanto Rafael muy nervioso, como
un adolescente, me iba explicando detalladamente donde se encontraba
exactamente el departamento de su amigo y en el mismo momento en que la vieja
sacó su pesado cuerpo por la puerta principal, él me dio disimuladamente las
llaves.
Estaba
molesto, el vuelo se había atrasado demasiado, estuve como cinco horas
esperando en el aeropuerto y lo peor era que iba a llegar casi en la madrugada
y mi querida casera seguro iba a hacer un escándalo, no iba a entender que las
cosas en el trabajo son así.
Ni
pensar en ir a dormir a la casa de Rafael con toda esa gente viviendo cerca de
él, ni pensarlo, prefería escuchar el sermón de Doña María.
Entonces,
Rafael utilizando todo su encanto, haciendo creer a la señora que le había dado
un mareo se llevó a la mujer dejando la puerta principal sin custodia. Yo que tenía las llaves y había escuchado
atentamente las instrucciones de Rafael entré rápidamente al edificio, recorrí varios pasillos y subí dos pisos.
Por
fin encontré la puerta, la abrí con dificultad y de pronto al principio no pude
ver nada por la apremiante obscuridad, pero el olor de la humedad inundó mis
sentidos hasta marearme; enseguida subí las persianas y abrí las ventanas sin encender la luz porque
la vieja iba a darse cuenta que alguien estaba en el departamento y eso
arruinaría todos nuestros planes.
Nunca
me gustaron los vuelos de noche, uno no puede conocer a nadie se la pasa
durmiendo, ni siquiera puedo leer. Lo mejor será que descanse, me espera una
guerra con Doña María y en la mañana a penas me darán medio día para descansar
y por la tarde de nuevo a la oficina.
Como
Rafael tardaba en deshacerse de la vieja empecé a recorrer el departamento,
iluminando mi camino sólo con encendedor. Tenía dos pisos muy amplios, con unas
escaleras internas en forma de espiral. Las paredes tenían amplios ventanales
que daban a la calle y desde allí se veía la vieja plaza de armas de la ciudad,
también habían fotografías colgadas, con paisajes de Europa y Asia.
Por
toda la decoración supuse que el amigo de Rafael había viajado mucho y tenía
muy buen gusto para escoger piezas de estética singular. El estilo que había
escogido era una amalgama de varias
culturas, todas muy bien dispuestas con un gusto exquisito.
Este
tiempo sola en aquel departamento me sirvió para pensar; me puse a pensar, de
nuevo, en las consecuencias de nuestro plan, pero ya no tenía dudas, además
aquel lugar me hacía sentir como si estuviera en un lugar totalmente diferente
de los que yo acostumbraba y eso inspiraba en mí mucha más confianza. De
pronto, empecé a imaginar que yo era otra mujer, sin miedos, sin prejuicios,
sin represiones y me fui dando cuenta que la decisión del sí, estaba bien, que
yo también lo había esperado tanto como Rafael y que era tiempo ya, nuestro
plan parecía perfecto.
Al
final solo pude dormir profundamente algunas horas, el vuelo no fue tan
tranquilo, el sueño que tuve fue realmente extraño en él discutía con Rafael,
pero no podía oírle; pero me impresionaba lo desfigurado que se veía su rostro,
yo tratando de tranquilizarle hasta que no pude más y le di un puñetazo que fue
tan real que sentí un dolor agudo en mis nudillos.
Fui
recorriendo cada habitación, lo que me gustó mucho porque era como invadir el
espacio íntimo del amigo de Rafael, pero casi con su permiso. Cada lugar tenía
marcada una singular personalidad, poco a poco me parecía conocer aquel hombre
que vivía en ese departamento y me envolvía la fragancia de su personalidad.
Todo estaba impecable, si no fuera que el lugar había estado cerrado por dos
meses todavía se sentiría la fragancia de las flores que ya habían muerto hace
mucho.
De
pronto llegué a su dormitorio y la cama me pareció espléndida, me recosté en ella
y pude imaginarme aquel cuerpo cálido que había dormido tantas noches sobre
aquellas sábanas y un extraño sentimiento se fue apoderando de mí.
Sentí
que era la mujer que lo esperaba de su largo viaje, que añoraba su cuerpo, sus
besos, su calor. Me había cambiado para esperar lista a Rafael, pero tardaba
tanto que me quedé totalmente dormida, sobre aquellas sábanas cálidas y suaves
que me acogieron como si me conocieran.
Bueno,
más bien conseguí un taxi rápidamente, trataré que doña María no se dé cuenta
que ya volví, pero claro eso es poco probable porque esta señora tiene oídos de
can. Después de escuchar sus regaños y de enterarme que Rafael recién hoy
intentó venir a ver mis plantas y la Casera ni siquiera lo dejó entrar, no
quiero imaginar lo que me espera.
Resuelvo
entrar sin encender las luces como me sugirió Doña María, al final prefiero
dormir ahora y ver los destrozos mañana. Estoy cansado y necesito un buen
sueño. Qué triste es volver a tu departamento y que nadie esté esperándote.
De
pronto entre sueños escucho la puerta y unos pasos, seguro es Rafael, siento su
cuerpo desnudándose frente a mí con un silencio aterrador.
Es
raro, siento como si alguien estuviera respirando, debe ser el cansancio, pero
qué es esto la cama está tibia, siento unas manos suaves y delicadas que
empiezan a buscar en mi cuerpo como dos palomas desesperadas. Una boca
impetuosa ahoga mi voz, no me queda más que dejarme llevar.
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